Abonos y fertilizantes

Los abonos y fertilizantes son esenciales para que tus plantas crezcan sanas y vigorosas, pues es el alimento principal de la planta. Y aunque los más comunes son los universales en fronda podrás descubrir abonos para césped, coníferas, plantas con flor, rosales... ¡y mucho más!

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Tipos de abono

Tus plantas necesitan macroelementos primarios como el nitrógeno, fósforo y potasio (N, P, K). También macroelementos secundarios como el calcio, el azufre y el magnesio (Ca, S, Mg). Así mismo, son importantes ciertos microelementos como el hierro, boro, cobre y zinc. Todos ellos los podremos encontrar en los distintos tipos de abonos. Existen varias clasificaciones, en función de su composición, su uso o especialización y el estado en el que se presentan:

  • Abonos orgánicos: son aquellos que están elaborados fundamentalmente a partir de restos vegetales o animales. Se caracterizan por contener carbono, mejorar la estructura del suelo y añadir humus. Su ventaja es que son naturales y su absorción es gradual, más lenta que los inorgánicos: mantillo, humus de lombriz, recebo, estiércol de caballo y turba son los más usuales.
  • Abonos inorgánicos: también conocidos como abonos minerales. Son los que están elaborados a partir de sustancias químicas, nitrógeno, fósforo, potasio, calcio o hierro. La ventaja de estos abonos es que su rendimiento y absorción por la planta es más rápido. Disponemos de varios tipos:
    • según los elementos que contengan pueden ser: simples, tienen un solo elemento fertilizante (N, P, K); Compuestos o complejos, tienen como mínimo dos de los principales elementos fertilizantes.
    • según su estado físico: sólidos, líquidos o gaseosos.
    • según la liberación de sus nutrientes: convencionales o de liberación lenta.

¿Sabías que los abonos de liberación lenta son más seguros en caso de sobre-dosificaciones y dan mejores resultados? Se trata de fertilizantes químicos que liberan los nutrientes de manera progresiva, aportando a las plantas los nutrientes de una forma gradual y constante en tiempo.

  • Abonos universales: tanto orgánicos como inorgánicos. Son genéricos y sirven para cualquier tipo de planta.
  • Abonos de acción específica: para césped, plantas de flor, plantas verdes, coloración específica, nutrientes para las hojas, crecimiento para los árboles, frutales, rosales, hortensias, petunias, surfinias, geranios, orquídeas, bonsáis, cactus, coníferas…
  • Abonos ecológicos: tanto orgánicos como inorgánicos, además de ser 100% naturales, se han elaborado con medios respetuosos con el medio ambiente. Este tipo de abonos son los más adecuados para tu huerto o jardín comestible.

Consejos de abonado y fertilización

Toma nota de las siguientes recomendaciones para abonar y fertilizar tus plantas:

  • Asegúrate de proporcionar a tus plantas suficiente agua mediante el riego y nitrógeno (N) a través de fertilizantes justo antes de la brotación.
  • El mejor momento para fertilizar tus plantas es en primavera, ya que es en este momento cuando empiezan a desarrollarse con más fuerza. Sin embargo, se recomienda abonar en otoño, para fortalecerlas durante el invierno, de modo que estén más preparadas para brotar después cuando llegue la época primaveral.
  • Apuesta por abonos orgánicos en invierno, utilizándolos al menos una vez al año y evita los abonos minerales en esta época.
  • Elige abonos de lenta liberación para asegurarle los nutrientes a tus plantas por más tiempo.
  • Para estimular la floración utiliza abonos ricos en Potasio (K) muy favorecedores también para árboles frutales y ornamentales.
  • Aprovecha para abonar tus plantas antes de este proceso, ya que cuando están en flor no suelen crecer y debemos reducir el abonado.
  • Cuando se trata de abonar el césped de tu jardín, debes hacerlo tres veces al año coincidiendo con la primavera, el verano y el otoño.

Otros complementos para las plantas

Muchas veces no es suficiente con abonar nuestras plantas, sino que precisamos de algunos elementos para mantener nuestras plantas vivas, seas o no seas principiante. Algunos de los complementos que vas a necesitar son:

  • Un sensor de humedad: un sensor, o detector de humedad, es un dispositivo que mide la humedad actual del suelo. Los sensores integrados en el sistema de riego ayudan a programar el suministro y la distribución de agua de forma mucho más eficiente. De esta manera, por tanto, se reduce o se mejora el riego para que tus plantas crezcan correctamente.
  • Un sensor de luz: para asegurarte de que tus plantas están recibiendo la luz que necesitan, pues muchas veces desconocemos por completo si la luz que reciben en casa es suficiente o hay alguna carencia que les está impidiendo que estas se desarrollen como deberían, lo ideal es tener un sensor de luz que nos indique si tus plantas están recibiendo suficiente cantidad de luz (ya sea directa o indirectamente) y tomar las medidas oportunas en caso de que no.
  • Una lámpara de crecimiento: cuando no disponemos de suficiente luz en casa, pero somos unos auténticos fans de las plantas es normal pensar en otras alternativas como pueden ser, por ejemplo, las lámparas de iluminación LED para el cultivo de plantas de interior que proporcionan una luz a través de los colores azul y rojo, en diferentes longitudes de onda, pero ambos beneficiosos para su crecimiento y floración. Ten en cuenta que el color azul favorece el crecimiento vegetativo, desde que germina hasta que florece; y el rojo, por su parte, produce el alargamiento del tallo.
  • Un sistema de autorriego: los sistemas de autorriego son dispositivos que mantienen la humedad constante mientras estamos de vacaciones o bien cuando no disponemos del tiempo suficiente para regar las plantas de la manera más correcta.
  • Un kit de cuidado de plantas: lo cierto es que cuidar tus plantas adecuadamente va a requerir que dispongas de un equipo completo de herramientas especiales para jardinería, pues aunque lo cierto es que determinadas tareas como el alisado del sustrato o el trasplante, se pueden utilizar utensilios de cocina o de pintura como son, por ejemplo, las cucharas y las espátulas, para otros será necesario emplear otro tipo de herramientas como un kit de jardinería o de cuidado de plantas. Estos kits, por norma general, cuentan con al menos cuatro herramientas básicas: la pala, el trasplantador, el rastrillo y el cultivador.

Sustratos y tierras

Bien, lo primero que debemos hacer es diferenciar entre ambos términos. La tierra es aquel material que encontramos en la naturaleza y que conforma nuestros suelos, mientras que el sustrato es aquel material que aportamos a dicho suelo para mejorar sus condiciones físicas y enriquecer la tierra aportándole a su vez una serie de nutrientes para que las plantas que se cultivan tengan el alimento que necesitan. Por eso, tanto una buena tierra como un buen sustrato son la base para cualquier planta. Eso sí, habrá que asegurarse siempre de que estos son los adecuados. De hecho, debemos tener en cuenta que no existe un sustrato ideal para las plantas, y por eso, a la hora de seleccionar uno se deben de evaluar las características de cada tipo para determinar la mejor opción dependiendo del tipo de planta, las condiciones climáticas, etc., aunque sí deben cumplir todos ellos con ciertas características que favorezcan un óptimo desarrollo:

  • Buena capacidad de retención de agua
  • Buena aireación
  • Baja densidad aparente
  • Estructura estable
  • Baja salinidad
  • Lenta descomposición
  • Libre de patógenos
  • Fácil adquisición
  • Fácil de mezclar
  • Resistente a cambios externos físicos, químicos y ambientales
  • Fácil de desinfectar y estabilizar

Estos, además, se pueden clasificar en dos grupos dependiendo de la influencia que ejerza sobre la nutrición de la planta:

  • Sustratos inertes: los que ejercen un trabajo de soporte, pero no generan ningún tipo de acción sobre la nutrición de las plantas. La arena, la grava, la arcilla expandida o la perlita son algunos de ellos.
  • Sustratos activos: los que ejercen un trabajo de soporte para la planta y adicional, ofrecen algún tipo de nutriente para el desarrollo de la planta. La corteza de pino o coco, la vermiculita o las fibras son algunos de ellos.

Plaguicidas

Los plaguicidas se utilizan para proteger los cultivos contra los insectos, las malas hierbas, los hongos y otras muchas plagas que puedan aparecer. Es decir, productos químicos para destruir las plagas o bien controlarlas. De hecho, aunque resulte fundamental proporcionar los nutrientes adecuados a las plantas, evitar en ellas la aparición de plagas y enfermedades lo es mucho más, y por ello una de las mejores opciones es el uso de los plaguicidas.

Protección contra el frío

Cuando bajan las temperaturas, las plantas están más sensibles y necesitan protección. Por eso, es interesante conocer algunas de las mejores maneras de proteger nuestras plantas del frío y las heladas. ¡Te las contamos!

  • Velos de protección contra el frío: un tipo de tela fabricada a partir de fibras sintéticas, normalmente polipropileno, muy utilizado en agricultura, con el objetivo de proteger todo tipo de plantas de las escarchas y heladas invernales, así como de otros elementos meteorológicos que pueden resultar perjudiciales. Estos, de hecho, reducen enormemente el riesgo que corren muchas veces las plantas cuando las temperaturas bajan siendo capaces de protegerlas de posibles efectos adversos de agentes como el viento, las fuertes lluvias, la nieve, el granizo o las heladas. Además, estos velos permiten entrar la luz, el aire y el agua sin dejar de abrigar las plantas, por lo que se podrán dejar puestas todo el invierno; se ajustan fácilmente a todo tipo de plantas, tanto a las frágiles como a las más fuertes y robustas, al contar con velos de distintos tamaños y formas; aceleran la germinación y el crecimiento de las plantas, al aumentar la temperatura del suelo; y son reutilizables por lo que se pueden limpiar, secar y guardar de nuevo.
  • Invernaderos: los invernaderos son lugares cerrados que controlan la temperatura, la humedad y otros factores ambientales que no permiten ningún tipo de alteración en la vitalidad de los cultivos. Además, estos hacen uso de los sistemas de riego y ventilación que ayudan a mantener controlada la producción. Dentro de ellos, de hecho, las plantas no están expuestas al desgaste físico producido por elementos ambientales como las lluvias, los vientos fuertes, las granizadas o la alta radiación solar que tanto les suelen afectar y, por tanto, la calidad dentro de invernaderos es mayor.