Cachorro

Alimentación

El primer año de vida es de una importancia vital y marcará su futuro en todos los aspectos; la alimentación es uno de ellos. Necesitará satisfacer las necesidades nutricionales de la manera más equilibrada posible para conseguir un desarrollo satisfactorio de las funciones vitales, unos huesos y dientes fuertes, una buena visión y un pelo sano y brillante. Durante esta etapa necesitará hasta el doble de nutrientes que un perro adulto.

El crecimiento del cachorro es muy rápido, de manera que la alimentación deberá ser muy específica para proporcionarle la nutrición necesaria, rica en calorías y en nutrientes esenciales, como los aminoácidos, que forman las proteínas, el calcio y el fósforo.
Si la dieta que proporcionamos a nuestro cachorro es completa y equilibrada no es necesario añadir ningún complejo vitamínico.

Para saber qué tipo de alimento proporcionamos a nuestro cachorro deberemos fijarnos en las etiquetas de los envases. Las etiquetas poseen el análisis garantizado de los niveles mínimos de grasa bruta y los máximos de fibra bruta y humedad. También debe indicar si el alimento es apropiado para todas las etapas de la vida (gestación, lactancia, crecimiento y mantenimiento adulto) o sólo para una etapa concreta.

Su espacio para comer

El espacio del que dispondrá el cachorro para comer deberá ser siempre el mismo; deberá estar en un lugar de fácil acceso, y que no sea de paso para que el cachorro coma tranquilo. No cambiaremos esta ubicación a no ser que sea necesario.

Es importante que mantengamos siempre los recipientes limpios, que estén sujetos o pesen para que no vuelquen con facilidad y que tengan debajo una alfombra o papeles para facilitar su limpieza. Deberemos tener especial esmero con el agua y procurar que no le falte, y que esté siempre limpia y fresca.

Con qué frecuencia debemos alimentarle
  • Entre las seis y las ocho semanas de edad le alimentaremos tres veces al día.
  • A los seis meses empezaremos a darle de comer dos veces al día hasta que se haga adulto.

Es importante que controlemos que no alcance sobrepeso, así que consultaremos las raciones adecuadas en las bolsas de los alimentos, ajustaremos las cantidades y, si es necesario, pediremos consejo al veterinario. Debemos saber que el estómago del cachorro no debe sobresalir y que hemos de poder palparle las costillas.

Puede que con el cambio de hogar, el cachorro sufra trastornos leves que le produzcan problemas digestivos, así que, aunque es mejor no cambiarle la dieta, si debemos hacerlo será de manera progresiva durante 7 o 10 días y de la siguiente manera: Primero mezclaremos un poco de la nueva comida con la habitual, e iremos aumentando esta dosis a medida que, también durante diez días, disminuyamos la dosis de la habitual. Este proceso es especialmente importante en el cambio de comida enlatada a comida seca.

Con cachorros no destetados o razas pequeñas a veces es necesario humedecer el pienso con un poco de agua para facilitar su ingestión. A medida que crezca podemos disminuir la cantidad de agua o mantenerla.

No debemos darle
  • No le daremos nunca agua muy fría ya que puede sentarle mal y hacerle daño
  • No le daremos huesos. Podría atragantarse con ellos o rasgarse el cuello, el estomago o los intestinos.
  • Tampoco le daremos restos de comida. Podría adquirir un mal habito si lo toma como un capricho, y le podría producir obesidad ya que son ricos en calorías.
  • No le daremos comida mientras nosotros estemos comiendo en la mesa, ni permitiremos que nadie lo haga ya que podría acostumbrarse a pedir o a coger la comida de la mesa.
  • No le daremos comida de gato ya que, como es lógico, esta comida esta exclusivamente destinada a las necesidades del felino y no a las del cachorro.
  • Durante el adiestramiento es importante premiar al cachorro con una pequeña golosina, una galleta o una bolita de pienso, si actúa correctamente y obedece, pero debemos evitar darle golosinas o premios entre las comidas.

“Los premios no deben ser alimentos humanos ya que algunos, como, por ejemplo, el chocolate, son tóxicos para el cachorro”

Salud

El habito de higiene regular nos permitirá observar cualquier irregularidad, prestando especial atención a ojos, orejas y boca, para comprobar que tengan aspecto sano. De manera específica nos fijaremos en:

  • La nariz: debe mantenerse humeda y libre de mucosidades.
  • El cuerpo y el pelaje: debemos controlar si surge alguna anomalía pasándole la mano a lo largo del cuerpo y prestando atención a cualquier bulto o a un tacto extraño; observaremos el nacimiento del cabello para detectar posibles parásitos.
  • Las extremidades: las patas de nuestro cachorro deben tener un aspecto normal, sin inflamaciones u otras rarezas. Vigilaremos también la zona interdigital ya que es propensa a acumular hongos o parásitos.
  • El ano: debemos estar pendientes de su aspecto por si aparece alguna anomalía y de si el cachorro intenta rascarse ya que podría tratarse de parásitos.

A parte de los efectos visibles, si el cachorro está enfermo lo notaremos con cambios de conducta o algún otro síntoma, por ejemplo: fiebre, más de un día comer, diarrea, constipado, dificultad o sangrado al orinar o defecar, vómitos, jadeo excesivo o dificultad para respirar (la lengua adopta un color azulado), exceso de tos o estornudo, se esconde y está asustado, mal olor de boca, ….

En estos casos consulta con el veterinario.

Parásitos

Internos: se localizan en el aparato digestivo y para detectarlos se tendrá que analizar las heces. Pueden empezarse a combatir a una temprana edad e irse repitiendo la desparasitación según indique el veterinario.

  • Ancilostoma: se transmite durante la gestación y la lactancia, y es el más peligroso de los de tipo intestinal. Síntomas que produce son letargia, anemia, falta de apetito, y heces negras o con sangre.
  • Gusanos planos: se reproducen por la ingestión de una pulga o a través de los roedores.
  • Gusanos redondos: se detecta si el abdomen esta abombado y en las heces. Puede provocar un crecimiento anormal, vómitos, diarreas, deshidratación o neumonía, aunque no siempre aparecen síntomas.
  • Triquina: provoca inflamación crónica del intestino, que es donde se instala, heces con mucosidades, pérdida de peso y diarrea.
  • Coccidios: se pueden prevenir no dando de comer al cachorro carne cruda o poco hecha. Si los tiene en sus intestinos sufrirá diarrea, fiebre y pérdida de apetito y de peso, aunque al igual que con otros puede que no se presenten síntomas.
  • Gusano del corazón: es un parasito peligroso, difícil de erradicar pero fácil de prevenir, cosa que vale bastante la pena hacer; se transmite a través de la picada de un mosquito y habita principalmente en el corazón.
Externos: se encuentran observando la piel del cachorro.
  • Pulgas: pueden contraerlas del ambiente o de la madre. Sabremos si las tiene si se rasca y muerde frecuentemente, u, ocasionalmente, si tiene manchas rojas en la piel o puntos negros en el pelo de la zona del cuello o lomo. Provocan dermatitis alérgicas, que aparecen como lesiones costrosas. Ya que las pulgas pasan la mitad de su vida en el cuerpo del cachorro, la manera de prevenirlas es tratando al cachorro y al ambiente. Se pueden combatir de varias maneras: esprays, polvos, pipetas, etc. siempre que sean aptos para el cachorro. Pediremos consejo al veterinario ya que la mezcla de productos puede ser peligrosa. Lavaremos la cama del cachorro con agua caliente y, siel veterinario lo indica, la rociaremos con insecticida. Limpiaremos las alfombras a fondo, pasaremos el aspirador y desecharemos las bolsas de este tras su uso. Si no las eliminamos llamaremos a un exterminador de plagas.
  • Garrapatas: su picadura puede provocar la fiebre de las Montañas Rocosas, la enfermedad de Lyme u otras. Si vivimos en una zona donde abundan consultaremos al veterinario. Si detectamos una garrapata en nuestro cachorro la extraeremos rápida y cuidadosamente, con guantes y pinzas. Es importante extraer la cabeza. Desinfectaremos la zona con alcohol o agua oxigenada y consultaremos al veterinario si es preciso hacer tratamiento.
  • Piojos: Pueden controlarse fácilmente con los esprays o productos para pulgas aptos para cachorros.
  • Sarna: Hay dos tipos, la sarcoptica y la demodecica. La primera produce mucho picor, de manera que el perro se rasca mucho y de manera irritable; la piel se reseca y se arruga, el pelo se cae y se hacen costras. Es muy contagiosa incluso para las personas, así que rápidamente le llevaremos al veterinario. La segunda provoca desde manchas en la piel hasta pústulas. También le llevaremos al veterinario con urgencia ya que tanto una como la otra, a parte de contagiarse, son muy difíciles de curar.
  • Acaros de las orejas: provocan picor en las orejeas y que el perro se rasque o sacuda la cabeza. Tienen aspecto de cerumen negro, sangre seca o granos de café. Se tiene que tratar con atención veterinaria.
  • Tiña: es muy contagiosa y se transmite a los humanos. Esta originada por un hongo y se detecta porque produce manchas ovales o calvas en la piel del cachorro. Para prevenirla debemos evitar el contacto del cachorro con otros perros. Se trata con medicación indicada por el veterinario.

Vacunas

Las enfermedades se contagian con facilidad y, aunque el cachorro recibe anticuerpos de la madre durante la lactancia, no son suficientes ya que los pierde a las 6 o 16 semanas. Por eso debemos vacunarle. Las vacunas contienen pequeñas dosis de la enfermedad que se quiere prevenir de manera que estimulan al cuerpo para que produzca sus propias defensas o anticuerpos. El veterinario nos indicara el calendario de vacunación del cachorro. La mayoría de las vacunas se dan en varias dosis entre las 6 y las 16 semanas. A partir de entonces cada año revacunaremos al animal.
Calendario de vacunación

En general no es buena idea mezclar los medicamentos con la comida ya que pueden detectar el gusto distinto y acaben por no comerse ni el medicamento ni la comida. Es mejor dárselo independientemente.

Si es una pastilla o comprimido le inclinaremos la cabeza hacia arriba, le abriremos la boca, y le colocaremos la pastilla al final de la lengua; le cerraremos la boca y esperaremos que la trague mientras acariciamos su garganta.

Si se trata de un jarabe o una solución líquida se la introduciremos, de nuevo con la cabeza hacia arriba, entre la mejilla y los dientes, ayudados por una jeringuilla, si es necesario; acariciaremos también su garganta mientras para ayudarle a tragar.

La importancia del aseo

  • Peinarlo y cepillarlo adecuadamente: En principio es una tarea fácil y agradable, ya que a la mayoría de cachorros les gusta que les peinen. Necesitaremos es: un cepillo alisador, un cepillo de cerdas naturales, un peine de acero de púas anchas y, para dar brillo a según que tipo de pelo, un cepillo de púas de goma y una gamuza.
  • Razas de pelo corto: deben cepillarse de dos a tres veces por semana y tener especial atención para eliminar las marañas con un cepillo alisador. Utilizaremos un cepillo para desenredar las matas de pelo y después, con un cepillo de cerdas, lo peinaremos profundamente. A los que lo tienen sumamente corto y liso les podremos pasar una gamuza o cepillo de goma para darles brillo. A los Terriers, por ejemplo, les tendremos que quitar periódicamente los pelos muertos para mantener su buen aspecto.
  • Razas de pelo largo: debemos cepillarlos a diario con un cepillo de cerdas naturales y desenredaremos el pelo con un peine de púas anchas. Tendremos especial cuidado en no darles tirones sujetando el pelo con una mano y cepillando con la otra.
  • Razas de pelo medianamente largo, lanoso o rizado: deben cepillarse con un cepillo de púas de acero y peinarse con un peine de púas anchas y puntas redondeadas.
  • El baño: es aconsejable no bañar a nuestro cachorro durante los primeros meses. Aún así es posible que por alguna razón necesite un baño antes de esta edad, así que podremos bañarle con un champú en seco, siempre y cuando esté vacunado, ya que, además, es saludable por el cepillado, que activa las glándulas sebáceas y es bueno para el pelo. Consejos y precauciones para cuando le bañemos:
    • no lo haremos más de una vez al mes, a no ser que sea absolutamente necesario
    • utilizaremos champús caninos especiales, y el agua será tibia
    • lo enjuagaremos bien dos veces para que no se irrite ni se rasque, si le queda jabón en la piel
    • lo secaremos con una toalla y, para evitar que se sacuda para expulsar el agua, le pasaremos el secador, a una distancia prudencial y vigilando que el aire no salga ni muy caliente ni muy frío
    • tendremos especial cuidado con las orejas, tapándolas con unos algodones, y secándolas bien
    • cuando hace frío, una buena alternativa al baño tradicional son los baños en seco. El champú en seco se aplica y se retira con un buen cepillado.
    • En cuanto a los baños en el mar deberemos esperar a que sea mayor.
  • Higiene dental: Mantener la boca del cachorro sana es imprescindible para su salud ya que los problemas dentales pueden llegar a provocarle otros de tipo cardíaco, renal o respiratorio. A los siete meses de edad cambiará la dentadura de leche y le saldrán los dientes de adulto. Especialmente en ese momento deberemos empezar a controlárselos. La limpieza de los dientes deberá prevenir la aparición de la placa dental y, consecuentemente, la de sarro, especialmente peligrosa si no se controla ya que puede llegar a provocar, con el tiempo, la caída de los dientes. El dentista le hará limpiezas bucales cada cierto tiempo pero nosotros deberemos lavarle los dientes cada dos días como mínimo. Al principio, para que se acostumbre a que le toquemos las encías, las masajearemos suavemente, después le pasaremos una gasa y, finalmente, ya podremos usar un cepillo dental canino y pasta de dientes, también especial para perros, o agua salada diluida.
  • Cuidado de los ojos: los ojos del cachorro deben estar limpios, brillantes, sin mucosas ni otras manchas. Las legañas que se le formen alrededor de los ojos las limpiaremos con una gasa humedecida. Si observamos un leve lagrimeo es normal pero si le supuran, los tiene inflamados o el cachorro parpadea demasiado deberemos consultar con el veterinario.
  • Cuidado de las orejas: las orejas son especialmente delicadas así que les prestaremos atención. Las limpiaremos por lo menos una vez al mes, o más si el cachorro es de pelo largo, y procuraremos que mantengan su aspecto rosado por la parte interna; cortaremos los pelos que sean demasiado largos. Revisaremos el canal auditivo para ver si hay exceso de cera, cuerpos extraños, mal olor, inflamación o dolor; en cualquiera de estos casos acudiremos al veterinario. Puede que sea necesario lavarle las orejas con una solución especial; el veterinario nos lo indicará. Estas soluciones, que se aplican normalmente una vez por semana, son especialmente útiles para perros que nadan mucho.

Cuidado del cachorro

Cosas necesarias para el cuidado del cachorro:

  • Su casita o transportín: de plástico o de rejilla metálica, y tiene que ser lo suficientemente grande para que pueda ponerse de pie y girarse, pero tampoco demasiado ya que podría orinar o defecar en un extremo y dormir en el otro. Deberá tener ventilación suficiente pero los orificios deberán ser lo suficiente pequeños como para que no pueda sacar la cabeza o las patas; la puerta deberá cerrar bien para que no pueda abrirla. Más adelante, cuando el cachorro haya aprendido dónde debe hacer sus necesidades, y no muerda las cosas, podremos ponerle dentro una manta o una almohada que sean de materiales seguros y fáciles de limpiar. Para que el cachorro se introduzca por primera vez en su casita o transportín al llegar a casa, pondremos un poco de pienso dentro y le acompañaremos suavemente diciéndole “a tu casa”; cerraremos la puerta durante un instante y en cuanto se calme le dejaremos salir y le premiaremos. Iremos repitiendo la acción procurando que esté dentro cada vez más tiempo y le premiaremos siempre que entre. Es importante que el cachorro duerma en su casita desde el primer día, y que le quitemos el collar mientras esté dentro, por su seguridad. No debe dársele comida ni agua en el transportín, ya que haría que defecara dentro; sí podemos darle un juguete para que lo mordisquee. Su casita no debe usarse nunca como lugar de castigo.
  • El collar y la correa: para saber la medida adecuada del collar que le pondremos le mediremos el cuello y añadiremos cinco centímetros. Aun así, siempre comprobaremos que no le apriete. El primer collar tiene que ser de nylon o de piel. Cuando sea mayor le pondremos una correa forrada de algodón o de piel con un cierre de seguridad. En cuanto a la medida de la correa, la mejor, para pasear y educar, a la vez es de entre un metro y medio y dos.
  • La placa identificativa: debe ir sujeta al collar y contener el nombre del cachorro, el nuestro, la dirección y el teléfono. La placa es crucial para recuperar al cachorro si se pierde.
  • El microchip: es la mejor manera de identificar al cachorro. A él no le supone ninguna molestia y es permanente (no se pierde como una placa) y de fácil lectura con un escáner manual. También se puede tatuar al perro para identificarlo, aunque actualmente se prefiere el microchip.
  • Recipientes para el agua y la comida: los ideales son los de acero inoxidable, ya que muchos perros son alérgicos al plástico. Deben ser fáciles de limpiar, porque tendremos que hacerlo a diario, y que se puedan sujetar con un soporte o sean lo suficientemente pesados para que no se vuelquen fácilmente.
  • Utensilios para el aseo: a parte de champús u otras soluciones, hay que proveerse de utensilios adecuados para nuestro perro, como los cepillos y peines adecuados, ya que varían en función del pelo. También deberemos tener un peine para pulgas.
  • Los juguetes: son muy importantes para el cachorro, ya que le estimulan, hacen que haga deporte y sacian su ansia de morder. Deben ser especiales para cachorro, es decir que no se puedan romper, desgarrar o tragar. Los más seguros y divertidos para el cachorro son los de cuero, los masticables de nylon y las pelotas de goma dura. Hay que tener en cuenta que el juguete no debe ser demasiado pequeño como para que se lo pueda introducir entero en la boca; tampoco son recomendables los que provocan agresividad, ni los que están hechos de esponja o llevan cascabeles o silbatos, ya que el perro podría romperlos y tragar las piezas. También hay que evitar los que tengan partes que pueden dañarle, como extremos afilados, por ejemplo. No hay que dejar que el cachorro juegue con bolas de cuerda, bobinas de hilo, gomas elásticas, pelotas de papel de aluminio o de celofán, corchos, nudos hechos con cable o alambre o bolsas de plástico ya que podría tragar un trozo o incluso ahogarse. Tampoco hay que dejar a su alcance los juguetes para bebés hechos de goma blanda, piel, lana, o poliuretano. Si tragara un trozo de alguno de estos materiales podría tener problemas en el aparato digestivo. Es muy importante no dejar que el cachorro juegue con zapatos o con otras piezas de vestir, ya que, además de correr el peligro de tragar alguna pieza, no sabría distinguir entre las cosas con las que puede jugar y con las que no.

Su espacio

Lo primero que debemos enseñarle es su espacio, para que lo reconozca enseguida. Colocaremos sus juguetes en su casita y le mostraremos donde está el agua y la comida. Debemos tener muy presente que el cachorro se ha separado de su madre y de sus hermanos y que puede que se sienta triste, y llore a la hora de comer o dormir porque añora su hogar. Por eso buscará en nosotros cariño y protección aunque al principio no se muestre demasiado alegre ni juguetón. Necesita tiempo. También puede que esté algo desorientado así que limitaremos un poco su espacio para que se vaya acostumbrando.

El contacto con él es importante, así que toda la familia deberá saber cómo cogerle y sujetarle: lo haremos poniendo siempre una mano bajo su pecho y evitaremos cogerle por las patas o el pescuezo. Hemos de evitar manejarlo o jugar con él bruscamente, ya que tardará unos días en sentirse cómodo y mostrarse juguetón.

Algunos consejos sobre educación
  • Respecto a hacer sus necesidades: Lo más importante es que tengan un horario fijo para las comidas; su aparato digestivo se regulará y el perro querrá defecar después de las comidas. Tras las comidas le sacaremos a pasear, siempre al mismo sitio. Cuando acabe, le felicitaremos y regresaremos a casa. No alargar demasiado el paseo para que no se confunda. Puede que nuestro perro tenga ganas de orinar o defecar al levantarse por la mañana, después de la siesta, tras beber agua, después de jugar o antes de irse a dormir. En caso de tener más de una puerta de salida, utilizaremos siempre la misma para sacarle, de manera que pueda avisarnos olfateándola o arañándola cuando quiera ir a hacer sus necesidades. Cada mañana le sacaremos de su casa y le llevaremos de paseo atado con su correa para que haga sus necesidades; después le premiaremos. Si le sacamos con regularidad o después de cada comida no hará sus necesidades dentro. Mientras esté aprendiendo no le dejaremos corretear por la casa sin vigilancia, y si tenemos que dejarlo solo lo haremos en una habitación que sea fácil de limpiar, como el lavabo. No dejaremos a nuestro perro más de ocho horas solo ya que entorpeceríamos su ejercicio y socialización. Es probable que a nuestro perro se le escape alguna vez la orina o las heces. Contrariamente a lo que podemos haber oído muchas veces, no es bueno castigarle frotándole el hocico contra sus excrementos, ni chillándole, ni pegándole, ni sacándole fuera de casa; este castigo podría confundirlo. Lo que debemos hacer es llevarlo hasta donde lo ha hecho y decirle “no” en un tono de voz bajo y firme. Le secaremos con un papel y le llevaremos, con el papel, a la zona donde tiene que defecar. Si le vigilamos no lo hará, pero si observamos que tiene ganas de hacerlo, le diremos “no” y le llevaremos al lugar indicado. Si después de seguir estas indicaciones, nuestro perro sigue orinando o defecando en casa de manera territorial, es decir para marcar su territorio, deberemos consultar con el veterinario ya que puede que muestre cierta rebeldía o que presente algún problema de conducta.Cuando el perro olisquea el suelo, camina en círculos o se agacha quiere decir que tiene ganas de orinar o defecar. En cualquiera de estos casos le sacaremos a pasear cuanto antes.Nuestro perro tiene un olfato mucho más sensible que el nuestro, de manera que si ha orinado o defecado en algún lugar de la casa y no hemos eliminado completamente el olor volverá a ese lugar. Tendremos que utilizar detergentes neutralizadores especiales que son más efectivos que los normales; los encontraremos en tiendas de animales
  • Corregir los malos hábitos: Es bastante probable que nuestro perro presente alguno de los malos hábitos o comportamientos de los que comentamos seguidamente ya que son los más frecuentes; lo que hay que hacer es detectar por qué los comete y, sin duda, corregirlos.
    • Si mordisquea lo que no debe: A los perros les entusiasma mordisquearlo todo, por naturaleza; también lo hacen especialmente durante el período de dentición para calmar el dolor en las encías. Si le sorprendemos mordiendo algo no permitido le llamaremos la atención diciéndole “no” o “eh”, y desviando su atención hacia los juguetes. Le acariciaremos y le diremos en un tono alto y alegre “buen chico” cuando mordisquee su juguete. Debemos pensar que si en algún momento nos hace gracia que se lleve a la boca algún objeto “prohibido”, y permitimos que lo haga, por ejemplo, porque es algo viejo o roto, no entenderá que en otra ocasión le riñamos por hacer lo mismo con un objeto que puede ser nuevo o más caro pero que para él es igual. Por lo que es bueno que tenga sus juguetes para morder.
    • Si gruñe o muerde: Hay que prevenir este comportamiento ya que el perro adulto que muerde lo hace porque de cachorro no se le educó. No nos debemos fiar de un perro que ya ha mordido alguna vez. Si gruñe, le ataremos con la correa y diremos “no”, después seguiremos jugando. Si no deja de hacerlo, dejaremos de jugar.
    • Si ladra excesivamente: El perro siempre ladra por algún motivo: puede que está aburrido, estresado, porque reclama o protege su territorio o para llamar la atención; al fi n y al cabo es su manera de comunicarse. Le corregiremos el vicio de ladrar demasiado diciéndole “calla” en voz baja, y evitaremos que siga haciéndolo premiándolo cuando no lo haga y dedicándole unos minutos diarios de ejercicio. Si continúa haciéndolo lo ataremos a la correa y se lo volveremos a ordenar diciéndole “calla” y haciendo que se siente y permanezca sentado; entonces le premiaremos. Si ladra cuando nos vamos le dejaremos juguetes para que se distraiga.
    • Si tiene el vicio de pedir comida: No le daremos comida cuando estemos comiendo en la mesa ya que entonces lo hará constantemente. Le daremos de comer antes que nosotros y le ignoraremos si se acerca a la mesa; si pide le diremos “no”. Puede que sea necesario que le tengamos que dejar en su casa o enseñarle a que se tumbe en su cama a la hora de nuestra comida.
    • Si busca en la basura: Cuando el perro busca sus presas está actuando de manera territorial, cosa que dificultará la corrección del problema. Para corregirle, lo sacaremos a pasear con una correa larga para dejar que vaya buscando, y cuando llegue al límite de la correa, entonces estiraremos y le diremos “no”. Aprenderá después de repetir la acción varias veces. También resulta práctico poner algún alimento picante en la basura para que no vuelva a acercarse.
    • Si excava en la tierra: Puede que lo haga porque tiene calor y busca un lugar más fresco, por aburrimiento o porque quiere esconder algo o le atrae algún olor. Cuando veamos que los hace le diremos “no” y le distraeremos jugando con él. Es importante que siempre tenga agua fresca (no muy fría) para refrescarse, y que le proporcionemos juego, distracción y ejercicio para evitar estos comportamientos
    • Si intenta huir: Debemos mostrarle los límites del jardín o de la zona de la cual no puede salir. Para que aprenda cuáles son estos límites lo pasearemos con la correa y diremos “no” y le haremos retroceder cada vez que los sobrepase. Aun así, lo mejor es tener limitado el espacio que no debe sobrepasar y atarlo con la correa cuando estemos fuera de casa.

Viajar con el cachorro

El coche es el medio de transporte más común y sencillo para viajar con animales. Cuando lo precisa, el animal puede salir, pasear, comer, beber y hacer sus necesidades. Si no está acostumbrado a ir en coche, es aconsejable hacer recorridos cortos antes de realizar un viaje largo. Si son pequeños pueden acomodarse en las cestas o bolsas especiales, que facilitan que se estén quietos y evitan los mareos; la bolsa o cesta debería situarse en una posición elevada para reducir el impacto del traqueteo. Comprobaremos que esté cómodamente instalado en su sitio, por su propio bien, y por la seguridad de todos los viajeros.

Los perros grandes deben ir sujetos. En los coches familiares, lo mejor es instalarlos en la parte trasera, separados del resto de ocupantes por una rejilla o un armazón extensible. En los demás coches, hay que colocar al animal en el asiento trasero, sentado en el asiento detrás del copiloto y sujeto con una correa. La Dirección General de Tráfico prohíbe que vayan sueltos tanto en el asiento trasero del coche como en el delantero

Es recomendable llevar una toalla o una manta, que, además de proteger la tapicería del coche, dará un aire familiar al rincón asignado al animal.

Impediremos que saque la cabeza por la ventanilla. Puede causar otitis y conjuntivitis, o podría entrarle alguna mota de polvo en los ojos, los oídos y la nariz. El exceso de aire frio en los pulmones también puede provocar enfermedades.

Si tenemos que dejar al cachorro en el coche, aparcaremos a la sombra, sobre todo en verano, y dejaremos siempre las ventanillas un poco abiertas, asegurando que la abertura no le permita sacar, ni trabar, la cabeza. Necesita oxigeno y una buena renovación de aire para respirar bien.

No nos ausentarnos durante demasiado tiempo ya que podría cambiar la zona de sombra, y si el sol calienta demasiado el coche el cachorro podría sufrir un golpe de calor.
Nos detendremos cada dos o tres horas, para que pueda estirar las patas, beber y hacer sus necesidades. Antes de abrir la puerta, lo colocaremos en la bolsa o le pondremos la correa para impedir que salga corriendo y sea atropellado por otro coche.

No lo dejaremos nunca en el maletero. Los perros y los gatos suelen padecer claustrofobia y los gases por mala combustión pueden ser letales. Tendremos especial cuidado con las retenciones de tráfico. Si estamos demasiado rato parados puede sufrir una insolación o golpe de calor; nos detendremos y saldremos a dar una vuelta.

Su equipaje de viaje

Deberemos llevarnos los productos para su higiene, la correa y el bozal (en algunos sitios no pedirán que lo lleve puesto), comida bebida y los recipientes para ponerla, una rejilla o armazón para transportarlo o una bolsa o cesta si es pequeño, bolsas para los excrementos y sus juguetes ya que, aparte de distraerle, compensará el hecho de estar en un lugar donde puede que pocas cosas le resulten familiares.
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Perro Adulto

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Alimentación

Las proteínas son básicas para la buena alimentación de nuestro perro; son los nutrientes y aportan los aminoácidos básicos así que debemos proporcionarlas adecuadamente.
En primer lugar debemos saber que la alimentación del perro no debe basarse única o mayoritariamente en el consumo de carne. El perro es omnívoro y los alimentos vegetales le aportan una serie de proteínas que deben formar parte de su dieta.

No todas las proteínas son iguales, de hecho existen ciertos aminoácidos esenciales para el desarrollo del perro que no son sintetizados por el metabolismo del animal. Prestaremos especial atención a que los alimentos contengan y sean ricos en aminoácidos esenciales, y lo comprobaremos en las etiquetas de los productos alimentarios; también nos aseguraremos que garanticen una dieta completa.

Las necesidades alimentarias del perro no son las mismas en cada etapa de la vida. Los perros ancianos, por ejemplo, necesitan más cantidad de proteínas así que deberemos conocer las diferentes necesidades según las edades para administrar a nuestro perro la alimentación adecuada.

Los tipos de comida más habituales son la comida húmeda, la comida semi húmeda y la seca o pienso.

  • La comida seca o pienso es la más recomendada por los expertos ya que es la más completa nutricionalmente. Contiene una cantidad importante de calorías; es la comida que más proteínas tiene (25% aprox.); y es la más económica y cómoda ya que que la podemos comprar en grandes cantidades y conservarla.
  • La comida semi húmeda no tiene un porcentaje tan alto de proteínas (21% aprox.), pero también tienen menos kilocalorías; al tener un nivel de humedad bastante alto su textura es suave, y resulta fácil de masticar. A los perros les gusta mucho este tipo de comida, tanto por el gusto como por la textura, pero es más cara, y las raciones deben ser más abundantes que las de comida seca.
  • La comida húmeda contiene tres cuartas partes de agua y una menor cantidad de proteínas (8-15% aprox), según la comida. Son las preferidas por nuestros perros porque son muy tiernas y gustosas. En cuanto a las calorías, tienen menos cantidad que las comidas secas o semi húmedas así que el perro deberá comer más para adquirir las calorías que necesita. Es necesario conservarlas en el frigorífico una vez abiertas, y resultan más costosas.

Cada uno de los tipos de comida puede perfectamente proporcionar una dieta completa, así que, elijamos la que elijamos, lo que tiene que importarnos es proporcionar las proteínas, calorías y elementos necesarios para nuestro perro, con más o menos cantidad según el tipo de comida.

La raza del perro y su rutina también influirán en la decisión: si es un perro que hace bastante ejercicio, o todavía más, si es un perro trabajador, podremos darle más proteínas y grasas, por ejemplo, que a un perro que tenga una vida más sedentaria, que no queme tantas calorías ya que podría desarrollar obesidad. Aunque nuestro perro prefiera comer alimentos carnosos y húmedos también se contentará con la comida seca; por otro lado ésta le ayuda a prevenir el sarro en los dientes.

A la práctica también nos influirá que el tipo de comida que le demos se adecue a nuestra economía, y que nos resulte fácil de adquirir en nuestra tienda habitual.
Si no sabemos por qué tipo de comida decidirnos consultaremos al veterinario y le pediremos consejo.

Salud

El habito de higiene regular nos permitirá observar cualquier irregularidad, prestando especial atención a ojos, orejas y boca, para comprobar que tengan aspecto sano. De manera específica nos fijaremos en:

  • La nariz: debe mantenerse humeda y libre de mucosidades.
  • El cuerpo y el pelaje: debemos controlar si surge alguna anomalía pasándole la mano a lo largo del cuerpo y prestando atención a cualquier bulto o a un tacto extraño; observaremos el nacimiento del cabello para detectar posibles parásitos.
  • Las extremidades: las patas de nuestro cachorro deben tener un aspecto normal, sin inflamaciones u otras rarezas. Vigilaremos también la zona interdigital ya que es propensa a acumular hongos o parásitos.

El ano: debemos estar pendientes de su aspecto por si aparece alguna anomalía y de si el cachorro intenta rascarse ya que podría tratarse de parásitos.
A parte de los efectos visibles, si el cachorro está enfermo lo notaremos con cambios de conducta o algún otro síntoma, por ejemplo: fiebre, más de un día comer, diarrea, constipado, dificultad o sangrado al orinar o defecar, vómitos, jadeo excesivo o dificultad para respirar (la lengua adopta un color azulado), exceso de tos o estornudo, se esconde y está asustado, mal olor de boca, ….

En estos casos consulta con el veterinario.

Parásitos

Internos: se localizan en el aparato digestivo y para detectarlos se tendrá que analizar las heces. Pueden empezarse a combatir a una temprana edad e irse repitiendo la desparasitación según indique el veterinario.

  • Ancilostoma: se transmite durante la gestación y la lactancia, y es el más peligroso de los de tipo intestinal. Síntomas que produce son letargia, anemia, falta de apetito, y heces negras o con sangre.
  • Gusanos planos: se reproducen por la ingestión de una pulga o a través de los roedores.
  • Gusanos redondos: se detecta si el abdomen esta abombado y en las heces. Puede provocar un crecimiento anormal, vómitos, diarreas, deshidratación o neumonía, aunque no siempre aparecen síntomas.
  • Triquina: provoca inflamación crónica del intestino, que es donde se instala, heces con mucosidades, pérdida de peso y diarrea.
  • Coccidios: se pueden prevenir no dando de comer al perro carne cruda o poco hecha. Si los tiene en sus intestinos sufrirá diarrea, fiebre y pérdida de apetito y de peso, aunque al igual que con otros puede que no se presenten síntomas.
  • Gusano del corazón: es un parasito peligroso, difícil de erradicar pero fácil de prevenir, cosa que vale bastante la pena hacer; se transmite a través de la picada de un mosquito y habita principalmente en el corazón.
Externos: se encuentran observando la piel del perro.
  • Pulgas: pueden contraerlas del ambiente o de la madre. Sabremos si las tiene si se rasca y muerde frecuentemente, u, ocasionalmente, si tiene manchas rojas en la piel o puntos negros en el pelo de la zona del cuello o lomo. Provocan dermatitis alérgicas, que aparecen como lesiones costrosas. Ya que las pulgas pasan la mitad de su vida en el cuerpo del perro, la manera de prevenirlas es tratando al perro y al ambiente. Se pueden combatir de varias maneras: esprays, polvos, pipetas, etc. siempre que sean aptos para el perro. Pediremos consejo al veterinario ya que la mezcla de productos puede ser peligrosa. Lavaremos la cama del perro con agua caliente y, siel veterinario lo indica, la rociaremos con insecticida. Limpiaremos las alfombras a fondo, pasaremos el aspirador y desecharemos las bolsas de este tras su uso. Si no las eliminamos llamaremos a un exterminador de plagas.
  • Garrapatas: su picadura puede provocar la fiebre de las Montañas Rocosas, la enfermedad de Lyme u otras. Si vivimos en una zona donde abundan consultaremos al veterinario. Si detectamos una garrapata en nuestro perro la extraeremos rápida y cuidadosamente, con guantes y pinzas. Es importante extraer la cabeza. Desinfectaremos la zona con alcohol o agua oxigenada y consultaremos al veterinario si es preciso hacer tratamiento.
  • Piojos: Pueden controlarse fácilmente con los esprays o productos para pulgas aptos para perros.
  • Sarna: Hay dos tipos, la sarcoptica y la demodecica. La primera produce mucho picor, de manera que el perro se rasca mucho y de manera irritable; la piel se reseca y se arruga, el pelo se cae y se hacen costras. Es muy contagiosa incluso para las personas, así que rápidamente le llevaremos al veterinario. La segunda provoca desde manchas en la piel hasta pústulas. También le llevaremos al veterinario con urgencia ya que tanto una como la otra, a parte de contagiarse, son muy difíciles de curar.
  • Ácaros de las orejas: provocan picor en las orejeas y que el perro se rasque o sacuda la cabeza. Tienen aspecto de cerumen negro, sangre seca o granos de café. Se tiene que tratar con atención veterinaria.
  • Tiña: es muy contagiosa y se transmite a los humanos. Esta originada por un hongo y se detecta porque produce manchas ovales o calvas en la piel del perro. Para prevenirla debemos evitar el contacto con otros perros. Se trata con medicación indicada por el veterinario.

Vacunas

Las enfermedades se contagian con facilidad y, aunque el cachorro recibe anticuerpos de la madre durante la lactancia, no son suficientes ya que los pierde a las 6 o 16 semanas. Por eso debemos vacunarle. Las vacunas contienen pequeñas dosis de la enfermedad que se quiere prevenir de manera que estimulan al cuerpo para que produzca sus propias defensas o anticuerpos. El veterinario nos indicara el calendario de vacunación del cachorro. La mayoría de las vacunas se dan en varias dosis entre las 6 y las 16 semanas. A partir de entonces cada año revacunaremos al animal.
Calendario de vacunación

La importancia del aseo
  • En principio es una tarea fácil y agradable, ya que a la mayoría de perros les gusta que les peinen. El equipo básico que necesitaremos es: un cepillo alisador, un cepillo de cerdas naturales, un peine de acero de púas anchas y, para dar brillo a según que tipo de pelo, un cepillo de púas de goma y una gamuza.
    • Razas de pelo corto: deben cepillarse de dos a tres veces por semana y tener especial atención para eliminar las marañas con un cepillo alisador. Utilizaremos un cepillo para desenredar las matas de pelo y después, con un cepillo de cerdas, lo peinaremos profundamente. A los que lo tienensumamente corto y liso les podremos pasar una gamuza o cepillo de goma para darles brillo. A los terriers, por ejemplo, les tendremos que quitar periódicamente los pelos muertos para mantener su buen aspecto.
    • Razas de pelo largo: debemos cepillarlos a diario con un cepillo de cerdas naturales y desenredaremos el pelo con un peine de púas anchas. Tendremos especial cuidado en no darles tirones sujetando el pelo con una mano y cepillando con la otra.
    • Razas de pelo medianamente largo, lanoso o rizado: deben cepillarse con un cepillo de púas de acero y peinarse con un peine de púas anchas y puntas redondeadas.
  • El baño: Bañaremos a nuestro perro cuando sea necesario, ya que la piel y el pelo se resecan si lo hacemos demasiado seguido. Consejos y precauciones para cuando le bañemos:
    • No lo haremos más de una vez al mes, a no ser que sea absolutamente necesario
    • Utilizaremos champús caninos especiales, y el agua será tibia
    • lo enjuagaremos bien dos veces para que no se irrite ni se rasque, si le queda jabón en la piel
    • lo secaremos con una toalla y, para evitar que se sacuda para expulsar el agua, le pasaremos el secador
    • Tendremos especial cuidado con las orejas, tapándolas con unos algodones, y secándolas bien.
    • Cuando hace frío, o si le hace falta un baño adicional, una buena alternativa al baño tradicional son los baños en seco. El champú en seco se aplica y se retira con un buen cepillado que, además, es saludable ya que activa las glándulas sebáceas y es bueno para el pelo.
  • Higiene dental: Mantener la boca del perro sana es imprescindible para su salud ya que los problemas dentales pueden llegar a provocarle otros de tipo cardíaco, renal o respiratorio. A los siete meses de edad cambiará la dentadura de leche y le saldrán los dientes de adulto. Especialmente en ese momento deberemos empezar a controlárselos. La limpieza de los dientes deberá prevenir la aparición de la placa dental y, consecuentemente, la de sarro, especialmente peligrosa si no se controla ya que puede llegar a provocar, con el tiempo, la caída de los dientes. El dentista le hará limpiezas bucales cada cierto tiempo pero nosotros deberemos lavarle los dientes cada dos días como mínimo. Al principio, para que se acostumbre a que le toquemos las encías, las masajearemos suavemente, después le pasaremos una gasa y, finalmente, ya podremos usar un cepillo dental canino y pasta de dientes, también especial para perros, o agua salada diluida.
  • Cuidado de los ojos: los ojos del perro deben estar limpios, brillantes, sin mucosas ni otras manchas. Las legañas que se le formen alrededor las limpiaremos con una gasa humedecida. Si observamos un leve lagrimeo es normal pero si le supuran, los tiene inflamados o el perro parpadea demasiado deberemos consultar con el veterinario.
  • Cuidado de las orejas: las orejas son especialmente delicadas así que les prestaremos atención. Las limpiaremos por lo menos una vez al mes, o más si el perro es de pelo largo, y procuraremos que mantengan su aspecto rosado por la parte interna; cortaremos los pelos que sean demasiado largos. Revisaremos el canal auditivo para ver si hay exceso de cera, cuerpos extraños, mal olor, inflamación o dolor; en cualquiera de estos casos acudiremos al veterinario. Puede que sea necesario lavarle las orejas con una solución especial; el veterinario nos lo indicará. Estas soluciones, que se aplican normalmente una vez por semana, son especialmente útiles para perros que nadan mucho.

Atención y cuidado de nuestro perro

Cosas que necesitaremos para el cuidado del perro.
  • Su casa o transportín: Puede ser de plástico o de rejilla metálica, y tiene que ser lo suficientemente grande para que pueda ponerse de pie y girarse, pero tampoco demasiado ya que podría orinar o defecar en un extremo y dormir en el otro. Si el perro es de raza grande será necesario que la casa o transportín sea ajustable, para ir adecuándolo a medida que crezca, esto es sobretodo cuando es cachorro, ya que lo hará rápidamente; cuando lo necesite compraremos otro más grande. Para la seguridad del perro, deberá tener ventilación suficiente pero los orificios deberán ser lo suficiente pequeños como para que no pueda sacar la cabeza o las patas; la puerta deberá cerrar bien para que no pueda abrirla. Podemos ponerle dentro una manta o una almohada que sean de materiales seguros y fáciles de limpiar. No debe dársele comida ni agua en su casa, ya que haría que defecara dentro; sí podemos darle un juguete para que lo mordisquee. Su casa no debe usarse nunca como lugar de castigo.
  • El collar y la correa: para saber la medida adecuada del collar que le pondremos a nuestro perro le mediremos el cuello y añadiremos cinco centímetros. Aun así, siempre comprobaremos que no le apriete. La correa estará forrada de algodón o de piel y llevará un cierre de seguridad. En cuanto a la medida de la correa, la mejor, para pasear y educar, a la vez es de entre un metro y medio y dos.
  • La placa identificativa: debe ir sujeta al collar y contener el nombre de nuestro perro, el nuestro, la dirección y el teléfono. La placa es crucial para recuperar al perro si se pierde.
  • El microchip: es la mejor manera de identificar al perro. A él no le supone ninguna molestia y es permanente (no se pierde como una placa) y de fácil lectura con un escáner manual. También se puede tatuar al perro para identificarlo, aunque es preferible el microchip.
  • Recipientes para el agua y la comida: los ideales son los de acero inoxidable, ya que muchos perros son alérgicos al plástico. Deben ser fáciles de limpiar, porque tendremos que hacerlo a diario, y que se puedan sujetar con un soporte o sean lo suficientemente pesados para que no se vuelquen fácilmente.
  • Utensilios para el aseo: aparte de champús u otras soluciones, hay que proveerse de utensilios adecuados para nuestro perro, como los cepillos y peines adecuados, ya que varían en función del pelo. También deberemos tener un peine para pulgas.

Su espacio

El perro necesita tener su espacio en la casa, un lugar fijo donde dormir, descansar, etc., que debemos elegir y preparar antes de que el perro llegue a casa. También debemos tener en cuenta donde comerá, y a qué zonas de la casa no le dejaremos ir para restringirlas.
En el caso de tener una casa con exteriores (jardín, terraza, etc.), debemos:

  • Si es posible, instalar una puerta especial para él, para que pueda entrar y salir cuando quiera.
  • Adecuarle una caseta en condiciones.
  • En caso de tener un jardín del que pueda escapar, corriendo así algún peligro, lo rodearemos de una valla que no pueda saltar.

Algunos consejos sobre educación

  • Respecto a hacer sus necesidades: Lo más importante es que tengan un horario fijo para las comidas; su aparato digestivo se regulará y el perro querrá defecar después de las comidas. Tras las comidas le sacaremos a pasear, siempre al mismo sitio. Cuando acabe, le felicitaremos y regresaremos a casa. No alargar demasiado el paseo para que no se confunda. Puede que nuestro perro tenga ganas de orinar o defecar al levantarse por la mañana, después de la siesta, tras beber agua, después de jugar o antes de irse a dormir. En caso de tener más de una puerta de salida, utilizaremos siempre la misma para sacarle, de manera que pueda avisarnos olfateándola o arañándola cuando quiera ir a hacer sus necesidades. Cada mañana le sacaremos de su casa y le llevaremos de paseo atado con su correa para que haga sus necesidades; después le premiaremos. Si le sacamos con regularidad o después de cada comida no hará sus necesidades dentro. Mientras esté aprendiendo no le dejaremos corretear por la casa sin vigilancia, y si tenemos que dejarlo solo lo haremos en una habitación que sea fácil de limpiar, como el lavabo. No dejaremos a nuestro perro más de ocho horas solo ya que entorpeceríamos su ejercicio y socialización. Es probable que a nuestro perro se le escape alguna vez la orina o las heces. Contrariamente a lo que podemos haber oído muchas veces, no es bueno castigarle frotándole el hocico contra sus excrementos, ni chillándole, ni pegándole, ni sacándole fuera de casa; este castigo podría confundirlo. Lo que debemos hacer es llevarlo hasta donde lo ha hecho y decirle “no” en un tono de voz bajo y firme. Le secaremos con un papel y le llevaremos, con el papel, a la zona donde tiene que defecar. Si le vigilamos no lo hará, pero si observamos que tiene ganas de hacerlo, le diremos “no” y le llevaremos al lugar indicado. Si después de seguir estas indicaciones, nuestro perro sigue orinando o defecando en casa de manera territorial, es decir para marcar su territorio, deberemos consultar con el veterinario ya que puede que muestre cierta rebeldía o que presente algún problema de conducta.Cuando el perro olisquea el suelo, camina en círculos o se agacha quiere decir que tiene ganas de orinar o defecar. En cualquiera de estos casos le sacaremos a pasear cuanto antes.
    Nuestro perro tiene un olfato mucho más sensible que el nuestro, de manera que si ha orinado o defecado en algún lugar de la casa y no hemos eliminado completamente el olor volverá a ese lugar. Tendremos que utilizar detergentes neutralizadores especiales que son más efectivos que los normales; los encontraremos en tiendas de animales.
  • Corregir los malos hábitos: Es bastante probable que nuestro perro presente alguno de los malos hábitos o comportamientos de los que comentamos seguidamente ya que son los más frecuentes; lo que hay que hacer es detectar por qué los comete y, sin duda, corregirlos.
    • Si mordisquea lo que no debe: A los perros les entusiasma mordisquearlo todo, por naturaleza; también lo hacen especialmente durante el período de dentición para calmar el dolor en las encías. Si le sorprendemos mordiendo algo no permitido le llamaremos la atención diciéndole “no” o “eh”, y desviando su atención hacia los juguetes. Le acariciaremos y le diremos en un tono alto y alegre “buen chico” cuando mordisquee su juguete. Debemos pensar que si en algún momento nos hace gracia que se lleve a la boca algún objeto “prohibido”, y permitimos que lo haga, por ejemplo, porque es algo viejo o roto, no entenderá que en otra ocasión le riñamos por hacer lo mismo con un objeto que puede ser nuevo o más caro pero que para él es igual. Por lo que es bueno que tenga sus juguetes para morder.
    • Si gruñe o muerde: Hay que prevenir este comportamiento ya que el perro adulto que muerde lo hace porque de cachorro no se le educó. No nos debemos fiar de un perro que ya ha mordido alguna vez. Si gruñe, le ataremos con la correa y diremos “no”, después seguiremos jugando. Si no deja de hacerlo, dejaremos de jugar.
    • Si ladra excesivamente: El perro siempre ladra por algún motivo: puede que está aburrido, estresado, porque reclama o protege su territorio o para llamar la atención; al fi n y al cabo es su manera de comunicarse. Le corregiremos el vicio de ladrar demasiado diciéndole “calla” en voz baja, y evitaremos que siga haciéndolo premiándolo cuando no lo haga y dedicándole unos minutos diarios de ejercicio. Si continúa haciéndolo lo ataremos a la correa y se lo volveremos a ordenar diciéndole “calla” y haciendo que se siente y permanezca sentado; entonces le premiaremos. Si ladra cuando nos vamos le dejaremos juguetes para que se distraiga.
    • Si tiene el vicio de pedir comida: No le daremos comida cuando estemos comiendo en la mesa ya que entonces lo hará constantemente. Le daremos de comer antes que nosotros y le ignoraremos si se acerca a la mesa; si pide le diremos “no”. Puede que sea necesario que le tengamos que dejar en su casa o enseñarle a que se tumbe en su cama a la hora de nuestra comida.
    • Si busca en la basura: Cuando el perro busca sus presas está actuando de manera territorial, cosa que dificultará la corrección del problema. Para corregirle, lo sacaremos a pasear con una correa larga para dejar que vaya buscando, y cuando llegue al límite de la correa, entonces estiraremos y le diremos “no”. Aprenderá después de repetir la acción varias veces. También resulta práctico poner algún alimento picante en la basura para que no vuelva a acercarse.
    • Si excava en la tierra: Puede que lo haga porque tiene calor y busca un lugar más fresco, por aburrimiento o porque quiere esconder algo o le atrae algún olor. Cuando veamos que los hace le diremos “no” y le distraeremos jugando con él. Es importante que siempre tenga agua fresca (no muy fría) para refrescarse, y que le proporcionemos juego, distracción y ejercicio para evitar estos comportamientos.
    • Si intenta huir: Debemos mostrarle los límites del jardín o de la zona de la cual no puede salir. Para que aprenda cuáles son estos límites lo pasearemos con la correa y diremos “no” y le haremos retroceder cada vez que los sobrepase. Aun así, lo mejor es tener limitado el espacio que no debe sobrepasar y atarlo con la correa cuando estemos fuera de casa.

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Perro Senior

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Aunque los perros de raza grande envejecen más deprisa que los de raza pequeña, los siete años son, en general, la edad que se considera como el principio de la vejez del perro.

Alimentación

Durante esta etapa tiene unas necesidades nutricionales distintas a las de las anteriores, así que la dieta deberá ajustarse.

El perro anciano no necesita tanta energía como el perro joven y, si come demasiado, puede llevar a padecer obesidad, cosa que hay que evitar a través de una correcta alimentación. Por otra parte, la pérdida de apetito y la dificultad de las digestiones del perro anciano hacen que el hábito de comer una vez al día una gran cantidad de comida no sea adecuado. Es mejor que le demos de comer menos cantidad y más veces al día. Podemos empezar con dos comidas al día, pero conforme el perro envejezca llegar a cuatro al día será lo correcto. Aunque este hábito pueda parecernos pesado, si el perro tiene una buena salud, podemos darle comida seca, en lugar de cocinada, ya que nos resultará más cómodo y más económico. En cualquier caso elegiremos el tipo de comida más adecuada, si es necesario consultando al veterinario, y teniendo en cuenta el aporte de proteínas, hidratos de carbono, calorías y minerales que cada alimento proporciona para poder adecuarlos a las necesidades de nuestro perro. Debemos reducir la cantidad de sal en sus comidas ya que no es recomendable, y tendremos en cuenta que el agua es un elemento esencial y que le proporcionaremos la que necesite; en caso de problemas de incontinencia consultaremos con el veterinario.

Cuidados especiales en esta etapa

  • Adecuar el espacio en casa: La pérdida de movilidad así como la pérdida de ciertas capacidades o sentidos (vista, oída, etc.) supondrán la aparición de ciertos obstáculos en el entorno de nuestro perro que antes no lo eran. Por ello, debemos procurar que se sienta a gusto en casa, evitando lo que pueda suponerle un obstáculo o una incomodidad que le haga sentirse mal viendo que no puede superarlo como hacía antes; evitaremos que tenga que subir y bajar escaleras tanto como nos sea posible, aunque tengamos que cambiar su lugar habitual para dormir; evitaremos también el mobiliario que pueda resultar peligroso como los cantos de mesas a la altura de su cara, objetos de cristal que, estando a su alcance, puedan dañarle si se rompen, etc., teniendo en cuenta que su visión no es total (más aun si es totalmente nula) y que el resto de los sentidos que pueden ayudarle a defenderse de estos obstáculos puede que también se hayan atrofiado. Si tenemos jardín también tomaremos medidas para que no se dañe con las herramientas que podamos tener y, sobretodo, para que no pueda salir y perderse o sufrir un accidente si se desorienta.
  • Control veterinario más exhaustivo: seguiremos con los tratamientos habituales que hemos seguido hasta ahora, vacunas, tratamientos antiparásitos, etc., pero además le someteremos a una revisión dos veces al año para controlar los cambios producidos por el envejecimiento aunque observemos que el perro está sano. La detección a tiempo de un problema siempre supondrá un beneficio en tanto que se podrá empezar a tratar desde el principio, y esto puede ser crucial en según que tipo de enfermedades, disfunciones o problemas. Además aprovecharemos la visita al veterinario para que nos aclare las dudas que podamos tener respecto a los cambios que observamos en nuestro perro o sobre cualquier otro tema al respecto. Tanto en las revisiones del veterinario como en nuestra higiene rutinaria tendremos en cuanta los cuidados dentales; suponiendo que se haya seguido un tratamiento durante toda su vida lo seguiremos llevando a cabo. También continuaremos dándole comida crujiente para prevenir el sarro y evitar que pierda alguna pieza.
  • Hacer ejercicios especiales: Está claro que no podremos forzarle a llevar a cabo la misma actividad que cuando era joven, así que le proporcionaremos un ejercicio que, sin cansarle demasiado ni provocarle estrés, le ayude a mantenerse en forma (siempre dentro de sus posibilidades), a que los huesos y músculos estén más protegidos, y que le proporcione satisfacción y diversión para que se sienta mejor y más feliz. Con esto también prevendremos o mejoraremos los problemas de obesidad (un problema bastante frecuente en perros ancianos) y de artritis que pueden aparecer en nuestro perro, ya que el ejercicio quema calorías y reduce el dolor en los huesos que aumenta con los cambios de tiempo. Lo ideal es que haga ejercicios a diario que consistan en paseos y juegos de atrapar objetos de manera tranquila, sin agresividad ni violencia. En cuanto a la cantidad de ejercicio tiene que ir en proporción, primeramente a la clase de perro que sea, esto incluso cuando es joven, y sobretodo a su estado de salud y sus ganas. En general, no dejaremos que se canse en exceso y haremos que repose cuando lo necesite; no debe faltarle agua. El juego también nos ayudará a prestar atención a sus sentidos: la vejez comporta, inevitablemente, pérdida de la sensibilidad en la vista, el oído y el olfato, pero podemos compensar esta pérdida si mantenemos una estimulación permanente tanto física como mental del perro.
  • Cambio del espacio para dormir: Puede que nuestro perro haya dormido siempre en un lugar frío de la casa, o incluso fuera, si tenemos su casita en el jardín, pero al hacerse anciano deberemos buscarle un lugar más resguardado del frío porque el se volverá más friolero. Le buscaremos un lugar acogedor para que no le disguste tanto el cambio pero teniendo en cuenta los posibles problemas de incontinencia.
  • Su relación con nosotros: Los perros ancianos muestran signos de debilidad senil que debemos comprender y tolerar. Puede que nos pida más atención o que quiera estar más cerca de nosotros; también puede que nos haga caso, y que no soporte demasiado algunas órdenes o cambios, etc. Deberemos ser comprensivos con él y darle todo el tiempo y el afecto que podamos para que se sienta contento y seguro; esto contribuirá a su bienestar general y su felicidad.
  • Si tenemos que dejarle solo: Si tenemos que salir será mejor que no estemos fuera demasiado tiempo, pero si no lo podemos evitar debemos dejar a alguien a su cargo para que le vigile un poco y le dé de comer las veces que le toque, ya que son más a menudo.Si la estancia es más larga, por vacaciones, por ejemplo, será más complicado ya que puede que no le siente demasiado bien el distanciamiento con nosotros. El hecho de dejarle y de que esté con una persona que no le resulte demasiado familiar puede provocarle estrés o incluso agravarle alguna enfermedad. Debemos tener en cuenta la posibilidad de llevarlo con nosotros, aunque tampoco no es una solución fácil para llevar a cabo, o dejarle con alguien con quien tenga verdadera confianza.
  • Si llevamos a un nuevo cachorro a casa: Puede ser que la llegada de un cachorro a casa sea beneficioso para nuestro perro anciano porque la energía y la vitalidad de este nuevo compañero puede estimularle. Aun así, debemos considerar atentamente esta posibilidad ya que, contrariamente, puede que el perro anciano sea intolerante con el joven cachorro; puede que le moleste o le irrite tener al lado a un insaciable juguetón que no se está quieto en ningún momento. En el mejor de los casos debemos enseñar al pequeño a que no moleste demasiado al anciano, y mantenerles separados en algunos hábitos, como por ejemplo, a la hora de comer: lo haremos en lugares separados el uno del otro.
  • La relación con los niños: Los perros ancianos pueden ver a los niños recién llegados como rivales que les quitan el afecto que han tenido durante toda la vida de sus amos. Esto no es tan probable cuando el perro es adulto y goza de buena salud ya que normalmente suele acoger bien a los niños. Por otro lado, los perros ancianos necesitan mucha calma y tranquilidad, y los movimientos rápidos y la incesante energía de los niños pueden molestarles mucho. Debemos enseñarle al niño que no moleste al perro sobretodo cuando está durmiendo, y si vienen otros niños de visita procuraremos dejar al perro en un lugar tranquilo donde no pueda ser molestado.

Problemas asociados al envejecimiento

  • Obesidad: es peligrosa no únicamente por los problemas que por si sola puede provocar sino porque un perro obeso es más vulnerable frente a otras enfermedades que pueden agravarse por culpa del exceso de peso. Además, la obesidad provoca problemas en los huesos, en el corazón, en el sistema respiratorio, y reduce la agilidad y la movilidad. Puede ser que la obesidad no se detecte rápidamente ya que aparece paulatinamente y esto dificulta que nos demos cuenta en seguida. Debemos controlar el peso de nuestro perro para ver si es estable o si, por el contrario, aumenta demasiado; también podemos comparar su aspecto con fotografías anteriores ya que podremos apreciar el contraste con más facilidad; otro síntoma que nos ayudará a detectarla es el comportamiento del perro, si está más cansado, si quiere dormir más, o si está poco ágil. La obesidad, además de poder prevenirse, puede curarse así es que en cuanto la detectemos le pondremos en tratamiento según los consejos del veterinario que, seguramente, incluirán una dieta que se ajuste a su desgaste y ejercicio adecuado.
  • Problemas auditivos: Si nuestro perro no responde cuando le llamamos por su nombre o ladra de manera desconcertada puede ser que tenga problemas auditivos. La pérdida de la audición puede ser parcial e incluso intermitente y puede ser debida a una mala higiene (se acumula el cerumen) o a algún tipo de infección que deberá tratarse con antibióticos, siempre bajo supervisión médica. El oído es una parte muy delicada que debe cuidarse de manera correcta. Mantendremos la higiene y la salud de los oídos según nos indique el veterinario y no le aplicaremos ningún producto que no nos haya recomendado éste.
  • Problemas de visión: Normalmente, la causa es el deterioro de la retina y puede ser debido a una infección. Con la edad se pierde lubricación en los ojos y pueden aparecer más legañas y otros problemas que deberemos prevenir con una buena higiene y un buen cuidado de los ojos. Podemos intuir pérdida de visión observando su comportamiento ya que ellos de por si ya no ven como nosotros y ante la progresiva pérdida de ésta, cuando todavía no es total, pueden llegar a compensarla con los otros sentidos, como el oído, que tienen más agudizados. Estaremos atentos al mínimo detalle que nos pueda indicar que ha perdido vista, ya que si es así, además, puede correr algún peligro. Si observamos que un velo blanco va cubriendo sus ojos seguramente son cataratas, que pueden provocarle ceguera total, así que le llevaremos al veterinario para que haga su diagnóstico.
  • Problemas dentales: El cuidado de la boca y de los dientes es especialmente importante en esta etapa de la vida. Si la mayoría de los perros necesitan tratamientos bucales ya a los 3 años de edad más aún los necesitarán cuando sean ancianos. La formación de placa y sarro es tan frecuente como peligrosa; puede que el perro coma comida más blanda y ésta facilita la formación de sarro. Deberemos compensar esto haciendo que mordisquee (pero no huesoso ni cosas dulces) y con una constante limpieza y control para evitar que se le acumulen bacterias. Detectaremos los problemas en la boca, además de con el control visual, si el perro no quiere comer o le cae la comida de la boca; si tiene halitosis (mal olor de boca); si saliva demasiado; si tiene las encías sensibles; si se le mueve o cae alguna pieza.
  • Problemas digestivos: Es probable que nuestro perro anciano padezca cierta incontinencia respecto a la orina; puede que orine demasiadas veces y sin control, y que tenga mucha sed; puede que padezca vómitos o diarreas; puede que tarde mucho en acabar su comida, que pierda el apetito o que rechace parte de la comida. Todos estos síntomas pueden ser debidos a problemas del aparato digestivo; si observamos alguno de estos síntomas le llevaremos al veterinario para que le haga una exploración.
  • Problemas musculares: Debemos proporcionar a nuestro perro un ejercicio adecuado a su edad para retardar los efectos de deterioro de los músculos.
  • Problemas en los huesos: Al igual que los músculos, los huesos sufren un desgaste importante con los años, ya sea por artritis o por alguna lesión anterior, que es natural e inevitable pero que podemos retardar también con ejercicios apropiados y una alimentación adecuada, ya que la obesidad es contraproducente también para los huesos. Estos problemas pueden provocarle cojera en las patas, los hombros o la cadera; el diagnóstico lo tendrá que verificar el veterinario, así como el tratamiento más adecuado, ya sea con medicación permanente o a través de alguna intervención.
  • Problemas cardíacos: si se cansa excesivamente sin una razón aparente o si le cuesta respirar puede que sufra alguna lesión coronaria así que le llevaremos al veterinario rápidamente. La obesidad también provoca problemas de este tipo.
  • Problemas en la piel: Es evidente que la piel del perro sufrirá deterioro al convertirse en un perro anciano; la piel y el pelo del perro joven tienen un aspecto saludable, un grado de grasa adecuado, brillo y suavidad. Estas cualidades se irán perdiendo cuando llegue a ser un perro anciano, así que debemos intentar compensarlas con productos especiales (cremas, aceites, lavado y peinado adecuados) y con soportes vitamínicos adecuados, especialmente recomendados para los problemas de piel ya que dan buenos resultados. A parte de preocuparnos del aspecto de la piel, comprobaremos regularmente si tiene bultos ya que pueden ser tumores o quistes. Si notamos la piel más espesa o áspera es normal, sobretodo en la zona de las orejas, pero ante cualquier anomalía que no sepamos identificar acudiremos al veterinario.
  • Cambios en el pelo: La pérdida de volumen en el pelaje y otros cambios en el pelo como que se vuelva gris en las zonas alrededor del hocico o de las orejas, o que se aclare el del bigote son síntomas normales del envejecimiento, así que no deberemos preocuparnos por ello.
  • Cambios de actitud y comportamiento: Es normal que el perro sufra un cambio de carácter al convertirse en un perro anciano, debido a los cambios y deterioros que esto supone, y a que el cerebro también sufre discapacidad y pérdida de algunas neuronas funcionales, pérdida que resulta irreversible. La disminución de la energía y el aumento del sueño son normales; no querrá hacer tanto ejercicio y dormirá mucho más, aunque su sueño será más superficial, ya que van perdiendo la costumbre de estar siempre alerta. Por otro lado, tolerará menos que le molestemos, sobretodo si duerme y lo despertamos; se alterará y estará más irritable porque estará afectado por la pérdida de sus habilidades. Puede que por la pérdida de visión y de oído se sientan más desorientados y se asusten al despertarse de golpe y no se lo tomen demasiado bien. Si tiene niños o perros pequeños alrededor, estos deberán respetarle y no molestarle demasiado ya que él no tendrá humor para soportarlos. Debemos entender los cambios de carácter de nuestro perro y adaptarnos a ellos para tener una buena convivencia, ya que ellos son los primeros que deberán adaptarse a su nueva situación y sus nuevos hábitos. Tenemos que tomar conciencia de que necesitarán más atención, sensibilidad y solidaridad para adoptar con paciencia y cariño la nueva situación.

Calendario de vacunación

En rasgos generales, podríamos recomendar el siguiente calendario vacunal -pero recordemos que la vacunación de perros puede requerir vacunaciones adicionales:

Tipo de vacuna Edad del animal
Parvovirosis 6 semanas
Moquillo / Parvovirosis / Hepatitis / Leptospirosis / Coronavirus o Tos Perreras 8 semanas
Moquillo/ Parvovirosis / Hepatitis / Leptospirosis y/o Coronavirus/Tos 12-13 semanas
Moquillo/ Parvovirosis / Hepatitis/ Leptospirosis + Rabia 5-6 meses edad

Revacunaciones anuales de Moquillo/ Parvo/ Hepatitis / Leptospirosis (+ Corona/Tos de las perreras o Lyme) / Rabia.

Para una correcta vacunación acuda a su veterinario
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